Carreras de cintas, fiestas de mi pueblo y promoción turística

carreras de cintas guejar
Todas las fotos son de esta año, 2018, cortesía de Teresa Guthrie,  propietaria de AWOL Granada

Ya han pasado otro año más las fiestas de nuestro pueblo, nos hacemos viejos irremediablemente, sin solución… Una de las actividades que se realizan en las fiestas patronales son las carreras de cintas a caballo, una preciosa tradición de orígenes inciertos y que levanta pasiones por su espectacularidad y autenticidad.

Vayan por delante mis felicitaciones a todos los trabajadores del ayuntamiento, que hacen que las fiestas sean posibles. Con mucho esfuerzo, paciencia y horas infinitas sacan adelante una labor a ratos ingrata y poco reconocida. O sea, que mi enhorabuena.

Como siempre, me gusta pensar sobre algunas cosas y a veces pues me paso por aquí y las pienso en voz alta. Podríamos decir que yo soy parte muy interesada, pues intento comer de un negocio directamente relacionado con el turismo y los caballos y por eso es un tema que me veo obligado a tratar. Claro, también hay que agradecer a los jinetes, esos que salen en las fotos, que sigan adelante contra viento y marea con una tradición que los nuevos tiempos van arrinconando cada vez más. O sea, que esto va por ustedes, caballistas artistas. En mis veranos de niño, para mí, las fiestas eran los toros, las cintas y las competiciones deportivas. Los toros los eliminamos hace años (eso daría para otro artículo) y las cintas, a no ser que tomemos medidas, llevan el mismo camino.

Entre los caballistas y el ayuntamiento las relaciones son más bien tensas, lo que llevó a una «plantada» en la carrera de cintas hace unos años. Por supuesto no ayuda el carácter indómito (y las borracheras) de muchos de los jinetes, pero tampoco lo hace el hecho de que nuestro pueblo viva de espaldas a los caballos y sus dueños y sólo se acuerde de ellos cuando hay que poner la nota de color en las fotos. Las carreras de cintas gustan, como se puede leer en la prensa, en el 20 minutos , en el Ideal de Granada y en el Teleprensa por citar algunos. A mi también me parece un evento digno de mención. Por supuesto creo que acaparan más titulares y emoción que la procesión o las noches de verbena (cosas todas ellas muy loables). Este año, para mi pena, he visto menos jinetes que otros años y, quitando dos o tres excepciones, ninguno se ha vestido de corto. La afluencia de público, que no ha sido mucha en estas fiestas, tampoco ha sido mucha en las carreras de cintas, algo insólito hasta ahora. Otros años era imposible colocarse junto a las vallas y este año, algunos días, había sitio de sobra. Creo que algo habrá que mejorar en nuestras fiestas y, en este evento en particular, para revertir esa preocupante tendencia.

O sea, que como jinete malo, «…ahí voy a echarle los calzones en lo alto al bicho…» ¿Yo qué haría? Para empezar, establecería una normativa clara de cómo deben circular los caballos por el pueblo sea cual sea la época del año. Esa normativa debería ser redactada por las autoridades y un representante del colectivo de jinetes que eligieran ellos mismos (Pedro Pascual o quien fuera…) Una vez consensuada la normativa, habría que cumplirla, por ambas partes. Ni se pueden prohibir los caballos por el pueblo ni se puede permitir que jinetes borrachos irrumpan a galope tendido por una calle llena de niños. Para mí, este es el núcleo duro del problema, conseguir un consenso y una normativa amparada por la lógica y el sentido común. Por supuesto, aquellos que incumplieran la normativa serían sancionados, igual que se sanciona a quienes no cumplimos la normativa de circulación (200 euros que me cascaron hace cuatro días por aparcar mal, un saludo desde aquí a nuestros queridos municipales).

Está claro cuáles de nuestra tradiciones atraen a los turistas extranjeros, nuestro público objetivo en todos nuestros esfuerzos turísticos

Y ahora vamos con la segunda parte, la lúdico festiva. ¿Cómo mantener, animar y promocionar esta fiesta, tan nuestra? Desde la asociación de empresarios, desde hace un par de años, nos hemos esforzado en intentarlo, dando un premio al caballo-jinete mejor vestido y a la flamenca con más arte. Es un principio, pequeño, pero un principio. ¿Qué otras cosas se podrían hacer? Hay que animar por todos los medios a que los caballistas no desfallezcan. Si para ello hay que patrocinar un traje de corto para todos y cada uno de ellos, patrocinar equipo tradicional (monturas, cabezadas…) pues se hace. Yo, como burro, por delante. Yo estoy dispuesto a aportar algo de dinero con este fin y estoy seguro de que los negocios del pueblo, sobre todo los de primera fila (Puente, Liberto, Encapaco…) también lo estarían con tal de que esto no se perdiese. ¿Los premios? Mucho más abultados y jugosos. Por ejemplo, un buen potro de alguna ganadería famosa, que estuviera atado allí durante las carreras para que lo vieran los corredores, eso sí ese premio sólo estaría al alcance de aquellos que fueran vestidos de corto los tres días y sus caballos bien preparados. Por supuesto no es más que una idea tonta, pero ahí va. Otra: por ejemplo, el último día, además de dejar correr a los casados podríamos invitar a jinetes de otras localidades, no demasiados y bajo rigurosa invitación, a que se sumasen a la fiesta. Esto nos daría color y savia nueva.

Entrega de premios de las cintas 2018. Con sombrero rojo, por parte de la asociación de empreasios, Javier, de Apartamentos Santa Bárbara y Encarni, del hotel Juan Francisco. La foto la he cogido del Facebook del Ayuntamiento de Guejar Sierra.

¿Más cosas que yo tendría en cuenta? Los niños. Hay que crear una división infantil, pues son los jinetes del futuro. Dicha división, compuesta por jinetes de cualquier edad, habría que mimarla mucho, pero también habría que tomar algunas precauciones: obligarles a llevar casco e, invitarles, a que monten caballos de su tamaño, nada de caballos grandes montados por niños incapaces de controlarlos. Es una actividad peligrosa. Este año sin ir más lejos se resbaló un caballo que cayó redondo en el suelo con su jinete, por suerte no pasó nada, el jinete era un adulto y no hubo ningún problema. Pero imaginemos por un instante que es un niño y que se caiga y le pase algo grave (Dios no lo quiera). ¿De quién sería la responsabilidad? En primer lugar de los padres, que deben ser obligados a firmar un documento en el que autoricen a sus hijos menores a correr a pesar de los riesgos. Sin dicho documento, los organizadores, en este caso el ayuntamiento, también tienen responsabilidad civil subsidiaria por dejarlos participar. Hagamos las cosas bien, cuesta un poco más, pero todos nos alegraremos en el futuro. ¿Y las mujeres? ¿Qué decir de las mujeres? Mi buena amiga Teresa lleva años diciéndome que quiere participar. Está claro que ellas merecen su sitio, y no sólo en la grupa de los caballos, creo que muy pronto vamos a ir nosotros en la grupa…

Y ya está, los que hayáis llegado leyendo hasta aquí, merecéis un buen premio, ahí os dejo un vídeo de nuestra maravillosa banda en acción en plena carrera de cintas, un espectáculo. ¡Nos vemos en las cintas del año que viene, el primero invita!

Posted by Theresa Guthrie Awol on Wednesday, August 15, 2018

 

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